Una sociedad de mentiras “rosas”
De paciencia… cuando hablamos de paciencia asumimos una situación donde nos tomamos el tiempo necesario para analizar un problema, una conversación, una discusión, cualquiera que sea el caso, algunas personas poseen mayor entereza en cuanto se les cuestiona o ponen en duda su capacidad o ideas, otras más rompen el silencio, defendiendo a “capa y espada” todo lo que consideran justo y esa lucha de ideas puede terminar en violencia física o verbal, porque después de argumentar y no darles la razón, comienza la desacreditación, muchas veces subjetiva y personal, dando paso a un estadio de nerviosismo y ansiedad, buscando a toda costa culpar de lo que sucede a esas personas que no están de acuerdo con formas de pensar y de ver otra realidad. A esta situación Morin (1999), la denomina self deception que en sí es un autoengaño, autocomplacencia y sobrevaloración de sí mismo.
El autoengaño recorre todos los ámbitos humanos, sean geográficos, políticos, económicos o educativos, viaja por el mundo a través de cada uno de sus habitantes, de ti, de mí, de todos, invadiendo países enteros reflejándose en el racismo, discriminación social y económica, en la falta de un sistema educativo adecuado obstaculizado y detenido por egos políticos, con alumnos y maestros, que en su hacer recurren a delitos que, en muchas ocasiones no son considerados como tal y por ende no son castigados, como es el plagio de trabajos o ideas de otros dando pie a lo que Rojas (1992) reconoce como deshonestidad intelectual, cuyo castigo, va desde la desacreditación académica hasta recursos legales, sin embargo, este tema de suma importancia no es tomado en cuenta desde los primeros años escolares en donde estamos formando hábitos.
Como se observa, en todos los contextos existe desigualdad que muchas veces tiene que ver con el autoengaño, donde todos contribuimos y no nos percatamos que eso sucede ante nuestros ojos, esa sociedad “de mentiras rosas”, que al final de cuentas siguen siendo mentiras porque buscan crear una atmósfera idílica basada en algo no real, es la sociedad en la que nos desenvolvemos, mezcla de incomprensión, incomunicación y falta de respeto.
Consecuencia del autoengaño, es la intolerancia que se refleja como desigualdad, esa disparidad no sólo se da en términos raciales, aunque son profundos los casos de los que se podrían hablar, algo tan cercano como la migración de mexicanos hacia Estados Unidos, o tan lejano, pero no por ello indiferente, como las diferencias sociales y económicas en el Sur de África. No obstante, hay un tema aun más inmediato y por lo tanto nuestro, es la carencia de tolerancia que se da en ámbitos tan pequeños como el sector educativo, no sólo en esos micromundos, sino en mundos aún más pequeños como puede ser un plantel escolar, incluso un lugar de menor tamaño… el aula.
El salón de clases, lugar que por tradición tiene como figura primordial al maestro, quien es “amo y señor”, muchas veces sufre heridas por falta de dirección y promoción de valores éticos cimentados perfectamente en los alumnos, sin embargo, no sólo el problema de la carencia de valores se da en la escuela, sino en el propio contexto familiar de los educandos, puesto que los padres consideran al plantel como la extensión de la casa, ellos asumen que su responsabilidad termina en el momento que el alumno pone un pie dentro del plantel escolar y tienen la idea errónea de que asiste a la escuela para que lo eduquen y en en ésta se dice que el niño muestra en el aula la educación que recibe en su hogar.
Es bien cierto, que cada maestro incide en sus alumnos en forma positiva o negativa, por lo tanto éste debería promover entre los educandos valores éticos que contribuyan a una convivencia adecuada y armónica. No obstante, se debe recordar que esos valores en gran medida se desprenden de una buena comunicación en primer lugar familiar y posteriormente social. Las familias, son quienes deberían cimentar los valores éticos en los hijos, y estos a su vez convivirían de forma adecuada en espacios sociales distintos al seno familiar, porque los valores humanos no se dan en la escuela, ahí sólo se enriquecen y pueden ser encaminados, porque los valores se construyen en familia.
Bien, como se observa tenemos una relación triádica: escuela-alumno-familia, y ésta se basa en todas las experiencias emanadas por el propio contexto inmediato del alumno, sin embargo, en el ámbito escolar esto la mayoría de las veces no se practica, pues el maestro no entiende que la escuela no es un ente aislado de la sociedad sino que es una estructura que vive dentro de ésta, sin comprender que, se está cayendo en una conducta que Morin (1999) denomina sociocentrista, cuya característica primordial es creer que nuestro ámbito es el centro del mundo considerando ajeno todo lo extraño y por ende restándole importancia a lo que vive fuera de éste, sin reflexionar que el alumno llega al aula con infinidad de referentes sociales emanados por su contexto inmediato.
Veamos un ejemplo conciso ¿qué sucede después de que un niño llega a casa al salir de la escuela y fue golpeado por otro?, la mayoría de los padres comentan cosas como: “No te dejes, mañana le das tú primero”, “si no te pegan no pegues, pero si te pegan, también golpea”. Seguro que todos hemos escuchado alguna vez esas frases, imaginemos que todos pensamos igual, entonces todos los días en las escuelas en lugar de existir mesa bancos, pizarrones y estantes, lo que habría sería un ring de boxeo, estoy de acuerdo con Morin (1999) cuando plantea luchar con las ideas, me parece mejor un cuadrilátero de ideas, donde exista un debate que permita construir alumnos con capacidad de argumentar situaciones que tal vez para nosotros como adultos no son significativas pero para ellos al estar constantemente unidos y conviviendo más de cinco horas diarias y que en ocasiones pasan más tiempo juntos que con sus familias, son las que mueven su mundo, ya que como lo menciona Morin (1999) “la proximidad puede alimentar malos entendidos, celos, agresividades, incluso en los medios intelectuales aparentemente más evolucionados”, lo que merma en gran medida las relaciones humanas.
Hemos hablado de tolerancia, de incomprensión resultado de la intolerancia, del autoengaño, pero la comunicación es parte fundamental para el entendimiento. En la actualidad, esa comunicación “cara a cara” ha comenzado a sufrir un cambio importante a través de los chats, de la mensajería instantánea vía computadora o celular, por lo menos ahí existe una comunicación de tipo escrito y se trata de un diálogo casi simultáneo, ahora el fenómeno Hi5, ya no permite ese diálogo a tiempo real, este espacio virtual de mayor auge entre los jóvenes a nivel mundial, sólo propone pautas para escribir una serie de características de personalidades, gustos y libertad de expresión, por lo tanto, ya no existe esa interacción en un mismo tiempo con diferencia de espació, sino que se dejan mensajes que posteriormente serán leídos por el destinatario, por ello considero que esa interacción virtual simultánea comienza a perderse. Morin (1999) menciona que la comunicación triunfa, no obstante creo que lo que en sí triunfa, no es la comunicación sino los avances tecnológicos que propician esta interacción, los cuales han dejado de ser analógicos, como el antiguo teléfono y recorren diariamente un camino largo por el mundo digital.
Porqué no aprovechar todos esos espacios que existen y cohabitan con los jóvenes, utilizarlos como sitios de debate y construcción de ideas durante los primeros años escolares, porque la tecnología avanza y en ella también debe existir tolerancia en su uso y aplicación, así como también en la promoción a su desuso, ya que la tecnología, en ocasiones, es considerada el enemigo número uno en el aula, esta actitud es en muchos casos resultado al miedo a lo nuevo y por el temor de uno, 30 alumnos pierden la oportunidad de acercarse a ésta.
Porqué no dejar de estigmatizar esos espacios de comunicación y contribuir para que nuestros alumnos utilicen un espacio virtual que les permita conocer otras culturas con el propósito de aprender, como argumenta Morin (1999) “Comprender es también aprender y reaprender de manera permanente”. Porque no entrar al nuevo mundo de la tecnología, también es un tipo de intolerancia y de retroceso de aprendizaje.
Todos esos espacios virtuales deben ser regulados no sólo a nivel de plagios y robos intelectuales y económicos, sino fomentando valores, a través de los mensajes que le llegan a nuestros jóvenes, porque es bien sabido que todo en nuestro alrededor comunica, imágenes, sonidos, colores, todo… absolutamente todo habla de comunicación y por ende de diseño, ya sea por su ausencia o su presencia, hablar de ello es hablar de cultura.
Por todo lo anterior comentado, entre las funciones de la triada, en términos docentes podemos considerar que el profesor debe ser tolerante en su hacer para que pueda promover la tolerancia; que la familia debe construir ciudadanos tolerantes, por lo tanto críticos capaces de aceptar ideas de otros; en cuanto al alumno, este debe adquirir confianza en sí mismo, porque de esa manera aprenderá que la vida no es “rosa” y que existen millones de personas como él que desean ser escuchadas.
REFERENCIAS
Morín, Edgar. (1999) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO, Librería El Correo de la UNESCO.
Rojas, Soriano, Raúl (1992) Formación de investigadores educativos. México: Plaza y Valdés.
De paciencia… cuando hablamos de paciencia asumimos una situación donde nos tomamos el tiempo necesario para analizar un problema, una conversación, una discusión, cualquiera que sea el caso, algunas personas poseen mayor entereza en cuanto se les cuestiona o ponen en duda su capacidad o ideas, otras más rompen el silencio, defendiendo a “capa y espada” todo lo que consideran justo y esa lucha de ideas puede terminar en violencia física o verbal, porque después de argumentar y no darles la razón, comienza la desacreditación, muchas veces subjetiva y personal, dando paso a un estadio de nerviosismo y ansiedad, buscando a toda costa culpar de lo que sucede a esas personas que no están de acuerdo con formas de pensar y de ver otra realidad. A esta situación Morin (1999), la denomina self deception que en sí es un autoengaño, autocomplacencia y sobrevaloración de sí mismo.
El autoengaño recorre todos los ámbitos humanos, sean geográficos, políticos, económicos o educativos, viaja por el mundo a través de cada uno de sus habitantes, de ti, de mí, de todos, invadiendo países enteros reflejándose en el racismo, discriminación social y económica, en la falta de un sistema educativo adecuado obstaculizado y detenido por egos políticos, con alumnos y maestros, que en su hacer recurren a delitos que, en muchas ocasiones no son considerados como tal y por ende no son castigados, como es el plagio de trabajos o ideas de otros dando pie a lo que Rojas (1992) reconoce como deshonestidad intelectual, cuyo castigo, va desde la desacreditación académica hasta recursos legales, sin embargo, este tema de suma importancia no es tomado en cuenta desde los primeros años escolares en donde estamos formando hábitos.
Como se observa, en todos los contextos existe desigualdad que muchas veces tiene que ver con el autoengaño, donde todos contribuimos y no nos percatamos que eso sucede ante nuestros ojos, esa sociedad “de mentiras rosas”, que al final de cuentas siguen siendo mentiras porque buscan crear una atmósfera idílica basada en algo no real, es la sociedad en la que nos desenvolvemos, mezcla de incomprensión, incomunicación y falta de respeto.
Consecuencia del autoengaño, es la intolerancia que se refleja como desigualdad, esa disparidad no sólo se da en términos raciales, aunque son profundos los casos de los que se podrían hablar, algo tan cercano como la migración de mexicanos hacia Estados Unidos, o tan lejano, pero no por ello indiferente, como las diferencias sociales y económicas en el Sur de África. No obstante, hay un tema aun más inmediato y por lo tanto nuestro, es la carencia de tolerancia que se da en ámbitos tan pequeños como el sector educativo, no sólo en esos micromundos, sino en mundos aún más pequeños como puede ser un plantel escolar, incluso un lugar de menor tamaño… el aula.
El salón de clases, lugar que por tradición tiene como figura primordial al maestro, quien es “amo y señor”, muchas veces sufre heridas por falta de dirección y promoción de valores éticos cimentados perfectamente en los alumnos, sin embargo, no sólo el problema de la carencia de valores se da en la escuela, sino en el propio contexto familiar de los educandos, puesto que los padres consideran al plantel como la extensión de la casa, ellos asumen que su responsabilidad termina en el momento que el alumno pone un pie dentro del plantel escolar y tienen la idea errónea de que asiste a la escuela para que lo eduquen y en en ésta se dice que el niño muestra en el aula la educación que recibe en su hogar.
Es bien cierto, que cada maestro incide en sus alumnos en forma positiva o negativa, por lo tanto éste debería promover entre los educandos valores éticos que contribuyan a una convivencia adecuada y armónica. No obstante, se debe recordar que esos valores en gran medida se desprenden de una buena comunicación en primer lugar familiar y posteriormente social. Las familias, son quienes deberían cimentar los valores éticos en los hijos, y estos a su vez convivirían de forma adecuada en espacios sociales distintos al seno familiar, porque los valores humanos no se dan en la escuela, ahí sólo se enriquecen y pueden ser encaminados, porque los valores se construyen en familia.
Bien, como se observa tenemos una relación triádica: escuela-alumno-familia, y ésta se basa en todas las experiencias emanadas por el propio contexto inmediato del alumno, sin embargo, en el ámbito escolar esto la mayoría de las veces no se practica, pues el maestro no entiende que la escuela no es un ente aislado de la sociedad sino que es una estructura que vive dentro de ésta, sin comprender que, se está cayendo en una conducta que Morin (1999) denomina sociocentrista, cuya característica primordial es creer que nuestro ámbito es el centro del mundo considerando ajeno todo lo extraño y por ende restándole importancia a lo que vive fuera de éste, sin reflexionar que el alumno llega al aula con infinidad de referentes sociales emanados por su contexto inmediato.
Veamos un ejemplo conciso ¿qué sucede después de que un niño llega a casa al salir de la escuela y fue golpeado por otro?, la mayoría de los padres comentan cosas como: “No te dejes, mañana le das tú primero”, “si no te pegan no pegues, pero si te pegan, también golpea”. Seguro que todos hemos escuchado alguna vez esas frases, imaginemos que todos pensamos igual, entonces todos los días en las escuelas en lugar de existir mesa bancos, pizarrones y estantes, lo que habría sería un ring de boxeo, estoy de acuerdo con Morin (1999) cuando plantea luchar con las ideas, me parece mejor un cuadrilátero de ideas, donde exista un debate que permita construir alumnos con capacidad de argumentar situaciones que tal vez para nosotros como adultos no son significativas pero para ellos al estar constantemente unidos y conviviendo más de cinco horas diarias y que en ocasiones pasan más tiempo juntos que con sus familias, son las que mueven su mundo, ya que como lo menciona Morin (1999) “la proximidad puede alimentar malos entendidos, celos, agresividades, incluso en los medios intelectuales aparentemente más evolucionados”, lo que merma en gran medida las relaciones humanas.
Hemos hablado de tolerancia, de incomprensión resultado de la intolerancia, del autoengaño, pero la comunicación es parte fundamental para el entendimiento. En la actualidad, esa comunicación “cara a cara” ha comenzado a sufrir un cambio importante a través de los chats, de la mensajería instantánea vía computadora o celular, por lo menos ahí existe una comunicación de tipo escrito y se trata de un diálogo casi simultáneo, ahora el fenómeno Hi5, ya no permite ese diálogo a tiempo real, este espacio virtual de mayor auge entre los jóvenes a nivel mundial, sólo propone pautas para escribir una serie de características de personalidades, gustos y libertad de expresión, por lo tanto, ya no existe esa interacción en un mismo tiempo con diferencia de espació, sino que se dejan mensajes que posteriormente serán leídos por el destinatario, por ello considero que esa interacción virtual simultánea comienza a perderse. Morin (1999) menciona que la comunicación triunfa, no obstante creo que lo que en sí triunfa, no es la comunicación sino los avances tecnológicos que propician esta interacción, los cuales han dejado de ser analógicos, como el antiguo teléfono y recorren diariamente un camino largo por el mundo digital.
Porqué no aprovechar todos esos espacios que existen y cohabitan con los jóvenes, utilizarlos como sitios de debate y construcción de ideas durante los primeros años escolares, porque la tecnología avanza y en ella también debe existir tolerancia en su uso y aplicación, así como también en la promoción a su desuso, ya que la tecnología, en ocasiones, es considerada el enemigo número uno en el aula, esta actitud es en muchos casos resultado al miedo a lo nuevo y por el temor de uno, 30 alumnos pierden la oportunidad de acercarse a ésta.
Porqué no dejar de estigmatizar esos espacios de comunicación y contribuir para que nuestros alumnos utilicen un espacio virtual que les permita conocer otras culturas con el propósito de aprender, como argumenta Morin (1999) “Comprender es también aprender y reaprender de manera permanente”. Porque no entrar al nuevo mundo de la tecnología, también es un tipo de intolerancia y de retroceso de aprendizaje.
Todos esos espacios virtuales deben ser regulados no sólo a nivel de plagios y robos intelectuales y económicos, sino fomentando valores, a través de los mensajes que le llegan a nuestros jóvenes, porque es bien sabido que todo en nuestro alrededor comunica, imágenes, sonidos, colores, todo… absolutamente todo habla de comunicación y por ende de diseño, ya sea por su ausencia o su presencia, hablar de ello es hablar de cultura.
Por todo lo anterior comentado, entre las funciones de la triada, en términos docentes podemos considerar que el profesor debe ser tolerante en su hacer para que pueda promover la tolerancia; que la familia debe construir ciudadanos tolerantes, por lo tanto críticos capaces de aceptar ideas de otros; en cuanto al alumno, este debe adquirir confianza en sí mismo, porque de esa manera aprenderá que la vida no es “rosa” y que existen millones de personas como él que desean ser escuchadas.
REFERENCIAS
Morín, Edgar. (1999) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO, Librería El Correo de la UNESCO.
Rojas, Soriano, Raúl (1992) Formación de investigadores educativos. México: Plaza y Valdés.
1 comentario:
Insisto en que eres una persona creativa. A pesar de que el formato de blogger no da para mucho, tu propuesta es interesante. Estoy segura de que tendrás éxito en las empresas que inicies. Saludos,
Lorena
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